Los músculos permiten la realización de todos los movimientos corporales, los mismos son realizados a través de su contracción y relajación voluntaria. Nosotros podemos contraer los músculos o relajarlos de forma conciente buscando lograr aquellos movimiento que deseamos tanto a nivel de los miembros como del tronco.

La práctica de un deporte implica que una gran parte de los músculos trabajen de forma continua, los mismos requieren para obtener la energía de glucosa y oxígeno que es aportada a través de la sangre. En aquellas situaciones que la actividad física es muy intensa o la respiración se realizada de forma inadecuada puede haber un déficit en el aporte de oxígeno. Esta situación lleva a que el músculo comience a producir ácido láctico, el cual se acumula a nivel muscular.

La acumulación de ácido láctico genera los conocidos calambres en el deporte. Este mecanismo ocurre siempre que la actividad física sea intensa en un periodo breve de tiempo. El calentamiento adquiere un lugar de relevancia para evitar la formación de ácido láctico y la producción de calambres en el deporte.

Este mecanismo de producción de los calambres en el deporte es bien conocido por los deportistas de competición, que entrenan a su organismo para que soporte un mayor tiempo de contracción y relajación muscular con cantidades bajas de oxígeno.